México, enredado en las elecciones en EE. UU. con la subida de tipos de Banxico
octubre 14, 2016

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México tiene un interés particular en la política y las actuaciones de su vecino del norte, los Estados Unidos, que también es su mayor socio comercial. El periodo previo a las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre ha puesto en el foco una serie de temas relevantes para México, incluida la inmigración y el comercio, y muchos analistas han observado cómo el movimiento del peso mexicano ha actuado como indicador de las encuestas electorales a la presidencia. A continuación comparto algunas de mis reflexiones sobre estos temas y sobre los retos y oportunidades que se presentan a las empresas mexicanas que he observado en mi viaje reciente al país.

Mientras que la Reserva Federal estadounidense mantuvo los tipos de interés estables en su reunión de política monetaria de septiembre, el Banco de México (Banxico) subió su tasa de interés interbancaria a corto plazo en 50 puntos básicos hasta el 4,75%, la tercera alza de este año. El peso mexicano ha caído más de un 10% frente al dólar de EE. UU. en lo que va de año, algo que las subidas de tipos han tratado de contrarrestar. El alza de tipos de México no fue una gran sorpresa puesto que sabíamos que había preocupación sobre el tipo de cambio, y la reciente depreciación del peso parecía excesiva para que las autoridades mexicanas la asumieran. Además, estaban preocupados por el efecto inducido sobre la inflación de una moneda débil. La inflación sigue por debajo de la tasa objetivo del 3%, pero se teme que podría aumentar hacia finales de año. No considero esta subida de tipos como drástica, y es poco probable que tenga un gran efecto. No obstante, un tipo del 4,75% significa que México ofrece un rendimiento atractivo para muchos inversores que contemplan unos tipos de interés negativos en otros países.

Política estadounidense y consecuencias para México

El peso mexicano sigue negociándose en torno a mínimos históricos pese a las medidas de Banxico, y se considera generalmente como una consecuencia del proceso electoral en los Estados Unidos más que de los fundamentos específicos de México. Está ampliamente reconocido entre los analistas del mercado —e incluso en el banco central de México— que las declaraciones en la campaña presidencial estadounidense y los posibles cambios en sus políticas han afectado al peso. Muchos analistas opinan que para que la moneda se negocie a un nivel más razonable, Hillary Clinton tiene que ganar; y el peso ha ido subiendo a medida que las perspectivas de la candidata mejoraban en varias encuestas. Según informó la prensa, incluso el Gobernador de Banxico, Agustín Carstens, declaró que una victoria de Donald Trump sería un «huracán» para México; Trump ha adoptado una postura muy dura en materia de inmigración y ha prometido construir un muro en la frontera y renegociar o abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Para ser justos, Carstens también afirmó que una victoria de Clinton podría ser asimismo tempestuosa (por otros motivos), aunque al parecer no generaría tantos problemas para México.

En mi opinión, gran parte de las declaraciones de la campaña estadounidense por ambas partes son solo palabras y podrían no traducirse en medidas políticas. Pese a los llamativos titulares que se han publicado, las declaraciones sobre el comercio e inversiones de los dos candidatos a la presidencia de EE. UU. no parecen tan distintos en muchos aspectos. Independientemente de las afirmaciones sobre más restricciones en el comercio, será muy difícil, por no decir imposible, destruir el comercio entre Estados Unidos y México dados los vínculos muy profundos entre ambos países. Y, por supuesto, habrá asesores de política, el Congreso, etc. que ejercerán controles y contrapesos.

En mi opinión, mantener el NAFTA —que también incluye a Canadá— es importante tanto para México como para los Estados Unidos. NAFTA fue una consecuencia natural de lo que había antes de la popularidad de los tratados bilaterales. Preveo una tendencia en que, en adelante, los tratados bilaterales, más que los multilaterales, podrían predominar puesto que no hay una única solución que valga para todos. Esto podría ser el caso con los Estados Unidos y México; si se pone fin al NAFTA, seguramente se sustituirá por un tratado bilateral que podría, al final, no ser demasiado distinto del actual.

Reformas y retos 

Mientras las elecciones estadounidenses centran la atención de los mercados en ambos lados de la frontera, independientemente del resultado seguiremos buscando oportunidades de inversión en México desde una perspectiva «bottom-up». Hace poco viajé a México para asistir a una conferencia financiera con mi compañero que trabaja en la Ciudad de México, Rodolfo Ramos. Como muchas conferencias a las que asistimos en todo el mundo, nos ofreció una buena oportunidad para reunirnos con empresas y saber más sobre el entorno de negocios local.

Aunque las previsiones de crecimiento se han revisado a la baja desde principios de año, la economía mexicana ha estado comportándose bastante bien. Sigue habiendo algunos problemas estructurales y mundiales que afectan al país, entre ellos el bajo precio del petróleo, pero la continua fortaleza de la economía estadounidense debería de ayudar a México, pues los Estados Unidos son su mayor socio comercial y el destino del 80% de sus exportaciones.[1]

México es un mercado emergente muy importante, la segunda economía latinoamericana después de Brasil. Ha emprendido algunas reformas estructurales en los sectores de telecomunicaciones y energía, que se prevé que tengan un impacto positivo para la economía, aunque el proceso no ha sido siempre fluido. Probablemente la reforma más importante que se está haciendo sea la apertura del sector energético del país. Por ejemplo, la gigantesca empresa petrolera estatal de México ha sido una fuente esencial de ingresos para el gobierno, pero también un semillero de ineficiencia y corrupción durante muchos años; ahora se prevé que opere compitiendo con algunos actores privados y, en algunos casos, en asociación con estos. Finalmente, tras mucha oposición de sindicatos y demás, el gobierno se dio cuenta de que hacían falta reformas y que la vía para hacerlo era vender activos a empresas del sector privado que pudiesen explotarlos de manera más eficiente.  La primera subasta de activos fue en diciembre de 2015, en que la Comisión de Hidrocarburos adjudicó varios lotes. Ha sido un reto resolver cómo abrir el sector petrolero y asegurar que los inversores privados tengan suficientes incentivos para emprender las inversiones necesarias para producir petróleo.

La caída de los precios del petróleo ha afectado a México puesto que el gobierno dependía de los ingresos de su empresa petrolera estatal para una gran parte de su presupuesto, y el gasto en infraestructuras en el futuro podría permanecer limitado si se mantiene el bajo precio del petróleo. Mientras que su abaratamiento ha reducido parte de los ingresos públicos, la recaudación fiscal no relacionada con el petróleo ha aumentado considerablemente, lo que ha compensado en parte la caída de los primeros. Además, los costes de transporte han disminuido y los consumidores deberían de tener más renta disponible a medida que el mercado se vaya liberalizando.

Además de la reforma en el sector petrolero, el gobierno también ha emprendido una reorganización del sector de telecomunicaciones. La penetración de la telefonía móvil sigue por debajo de la de muchos otros países latinoamericanos y se esperaba que al permitir la entrada a más competidores en el mercado, se ampliarían las infraestructuras y los precios caerían lo suficiente como para que los servicios de telecomunicaciones, en particular relacionados con Internet, fueran más accesibles.

No obstante, algunos de los planes de reformas de México han resultado frenados por la menguante popularidad del Presidente Enrique Peña Nieto, a quien se ha culpado de no hacer más en la lucha contra el aumento de la violencia y la corrupción en el país.  En el escándalo de corrupción denominado «de la casa blanca», una empresa constructora concedió un préstamo a la esposa del presidente para adquirir una lujosa mansión blanca: la misma empresa que tenía un enorme contrato para construir un tren de alta velocidad en el centro de México. La última decisión impopular de Peña Nieto fue reunirse con el candidato a la presidencia de EE. UU. Donald Trump a finales de agosto, que muchos analistas consideraron un desastre de relaciones públicas para México.

Revisión del panorama de inversión

Rodolfo y yo tuvimos la oportunidad de reunirnos con ejecutivos de varias empresas de México, incluido un importante fabricante de componentes de automóvil. México cuenta con un gran sector de fabricación automovilística centrado en las exportaciones (principalmente a los Estados Unidos), por lo que la necesidad de componentes de calidad es elevada. La empresa se especializa en componentes de aluminio y estima que si las ventas de coches de EE. UU. se mantienen estables o aumentan ligeramente, debería de lograr unos resultados bastante buenos.

Otra empresa que visitamos era un operador de peajes de autopista que desarrolla, mantiene y explota concesiones de peajes en una región con la mayor congestión de tráfico del país. Los ejecutivos dijeron que han seguido observando un buen crecimiento y sus contratos tienen una cláusula de rentabilidad garantizada que permite aumentar los precios o prorrogar el plazo de la concesión, lo cual es favorable. No obstante, hay algunas nubes en el horizonte pues las autoridades están investigando a la empresa por prácticas contables inapropiadas.

En el segmento de productos de consumo, visitamos uno de los mayores fabricantes mexicanos de cerveza y refrescos, que también cuenta con una próspera cadena de tiendas y se está expandiendo al área de gasolineras, entre otras. La empresa es un ejemplo de cómo las compañías mexicanas han expandido sus mercados no solo en el país, sino también en el resto de Latinoamérica e incluso en Asia a través de una adquisición estratégica de otra empresa. Los ejecutivos citaron el lento crecimiento económico en México como el principal obstáculo, pero observaron que su marca genera confianza entre los consumidores y planean hacer hincapié en la calidad.

También nos reunimos con ejecutivos de una destacada empresa de telecomunicaciones que ofrece servicios de telefonía fija e Internet en México. Con la entrada de nuevos competidores en el sector, su estrategia es centrarse en la rentabilidad a través de una gestión estricta de los costes de captación de clientes. Un aspecto interesante de este sector en México es el aumento de los proveedores de equipos de telecomunicaciones chinos que entran en el mercado. Un ejecutivo nos dijo que si tenían problemas, ¡harían venir un ejército de técnicos chinos para resolverlos!

Otra empresa que visitamos era un fabricante de productos de alimentos de consumo, y su perspectiva era algo más pesimista. Los ejecutivos creen que la principal explicación de los buenos datos de ventas a tiendas iguales en los últimos meses ha sido la expansión del crédito. Afirmaron que las remesas de mexicanos que trabajan en el extranjero han impulsado las ventas minoristas. Este flujo de dinero también podría resultar afectado por los sucesos políticos en EE. UU.; Trump ha propuesto planes para retener parte de estas remesas para construir un muro en la frontera con Estados Unidos. Esto podría ser bastante desastroso para México, pues las remesas representan más de 22.000 millones de dólares de entradas de fondos al país, más del 2% del PIB.[2]

El día de las elecciones estadounidenses en noviembre, ¡podemos estar seguros de que México estará atento al resultado!

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[1] Fuente: Departamento de Estado de EE. UU., basado en datos de 2013.

[2] Fuente: Banco de México, a julio de 2016.

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