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Un viaje a Myanmar: una nueva frontera

Este artículo también está disponible en: Inglés, Chino simplificado, Francés, Alemán

Myanmar es uno de los mercados fronterizos más recientes y uno de los que tenía más ganas de conocer.  Desde los últimos años, Myanmar está atravesando un periodo de transición tras haber estado aislado durante mucho tiempo por un régimen militar. Tras cinco décadas de dictadura militar se encuentra ahora bajo un gobierno civil. Se han liberado miles de prisioneros políticos, y se han iniciado reformas económicas y legales al tiempo que se han suavizado algunas restricciones sociales. El levantamiento de las sanciones de Occidente también ha contribuido a impulsar el crecimiento del producto interior bruto y la inversión extranjera.

En mi ultima visita a Myanmar durante este verano, decidí empezar por la ciudad remota de Mandalay, la base del antiguo reino. Mandalay cuenta con una

Recinto del palacio en Mandalay

historia increíble y mi intención era descubrir la forma en que vive la gente fuera de la gran ciudad de Yangón.

Un poema que el escritor inglés Rudyard Kipling publicó en 1890 situó a Mandalay en el mapa, por así decirlo. El poema hablaba sobre los sentimientos de nostalgia de un soldado británico por este lugar. Comparado con el clima frío y las restricciones sociales del Reino Unido de la época, el sudeste asiático se consideraba «exótico».

Mandalay era la capital de lo que por aquel entonces se llamaba Birmania, que fue protectorado británico entre 1885 y 1948. Kipling representó Birmania como un lugar lleno de belleza, no solo el país en sí, también su gente. Las palabras de Kipling han aparecido innumerables veces desde entonces en la cultura popular, incluso en la canción de Frank Sinatra On the Road to Mandalay.

Kipling no era el único occidental enamorado del país. La belleza de Birmania y de sus habitantes también impresionó a George Orwell, al que muchos conocen por ser el autor de la novela 1984. También escribió un libro llamado Los días de Birmania, que se publicó por primera vez en 1934.

Otros lugares alrededor del mundo han asumido el nombre «Mandalay» (incluido un casino de los Estados Unidos) para evocar algo exótico y bonito.

Hoy en día, Mandalay tiene una población de más de un millón de personas, pero aún conserva el encanto de ciudad pequeña bulliciosa. Un enorme palacio amurallado y rodeado por un foso domina el centro de la ciudad como prueba de su posición como última capital real. Situada junto al río Irawadi, justo en el centro de Myanmar y a aproximadamente 700 kilómetros de Yangón, Mandalay ha sido conocida por ser el centro de la cultura birmana.

Sin embargo, la afluencia de inmigrantes chinos (principalmente de la provincia de Yunnan) han ejercido una influencia cultural en Mandalay. Un escritor birmano dijo una vez que Mandalay parecía una «colonia no declarada de Yunnan». Actualmente, los inmigrantes chinos representan aproximadamente entre un 30% y un 40% de la población de la ciudad.

China ha sido una gran influencia para el país y hoy en día Myanmar juega un papel crucial en la iniciativa china «One-Belt One-Road». Los proyectos conjuntos incluyen un oleoducto, un puerto y un parque industrial como parte de una zona económica especial.

El birmano es todavía la principal lengua de Mandalay, a pesar de que el chino mandarín se escucha cada vez más en los centros comerciales de la ciudad. El inglés es una tercera lengua lejana.

El rey Mindon fundó la ciudad en 1857 a la sombra de la colina de Mandalay para convertirla en una nueva capital real. Continuó siendo la capital real hasta que los ingleses anexionaron Birmania por completo tras tres guerras anglo-birmanas. En 1885, el rey Thibaw y su reina Supayalat fueron enviados al exilio. Visité el impresionante palacio, que no tiene mucho en su interior dado que los ingleses se llevaron todos los tesoros que ahora se pueden ver en el museo Victoria and Albert Museum de Londres.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses se enfrentaron a los ingleses y llevaron a cabo ataques aéreos sobre la ciudad. Los fuegos resultantes destruyeron gran parte de la ciudad. Posteriormente, cuando los japoneses ocuparon la ciudad entre 1942 y 1945, convirtieron los terrenos del palacio en un almacén de suministros. Un bombardeo aliado lo convirtió después en escombros. En 1948 el país se independizó de los británicos.

Los edificios actuales del lugar son réplicas construidas en los años 90, aunque la torre de vigilancia (a la que subí) sobrevivió. Es una pieza preciosa construida en madera. Es probable que lo más impresionante del palacio sea la ausencia de piedra, que se asocia tipicamente con los palacios. Todo se construía en madera. Asimismo, el recinto del palacio, que se encuentra en el corazón de la ciudad, es enorme. Con sus barracones para los soldados y sus tiendas, era casi como estar en otra ciudad.

Campana de Mingun, se puede ver a toda la gente dentro

También visité la famosa y gigante pagoda y campana de Mingun en la otra orilla del río Irawadi. Alquilé una bicicleta junto con mis compañeros en una tienda pequeña y después pedaleamos hasta el río Irawadi. Allí encontramos un barco que manejaba un matrimonio con dos hijos y nos pusimos en camino a través del río.

El viaje en barco por el río aguas abajo nos llevó cerca de media hora. Cogimos nuestras bicicletas y pedaleamos por las calles llenas de polvo para ver la pagoda gigante y la enorme campana de Mingun. Según los birmanos, el peso de la campana era de 55 555 «viss», una unidad local de medida que equivale a aproximadamente 90 000 kilogramos. La campana tiene cinco metros de diámetro y casi cuatro metros de alto. Estaba en buenas condiciones, sin grietas, y pudimos ponernos de pie dentro de ella mientras la gente golpeaba la parte exterior para hacerse una idea del sonido.

Continuamos hacia la pagoda subiendo 174 escalones (tenían algún significado pero nunca averiguamos cuál era) colina arriba. Varios vendedores ambulantes jóvenes se arremolinaron a nuestro alrededor para intentar vendernos abanicos de sándalo, sombreros de esparto y cuentas de jade baratas. Al llegar al pico de la montaña rocosa, los chicos se ofrecieron a ayudarnos a pasar por una zona con piedras dañadas por el terremoto de 1839, que creó fisuras profundas. Era bastante peligroso, pero gracias a la ayuda de los chicos pudimos llegar al pico para ver todo el paisaje.

[Pie de foto: buda gigante recostado en Yangón]

Disfrutando de las vistas

El todopoderoso (nuevo) dólar

Al descender la colina, acabamos por darle dinero a los chicos que nos habían ayudado. De vuelta al barco, paramos en una pequeña choza que vendía café instantáneo de Singapur. Tres tazas con un poco de pan dio un total de tan solo 1,80 dólares estadounideses.

Al volver al barco para regresar, encontramos más pruebas de que el capitalismo está vivo y coleando en el país. La señora que conducía el barco sacó una gran variedad de artículos y nos obsequió con su mejor discurso de vendedora. Sucumbimos y acabamos comprando dos pantalones anchos, una camisa de algodón de estilo birmano, dos collares con cuentas, un chal y postales. Hicieron un gran trabajo con nosotros, lo que explica por qué el precio del viaje en barco parecía tan barato.

Al día siguiente, salimos en dirección al templo de Amarapura, que estaba a aproximadamente dos horas en bicicleta. Paramos en una de las pocas gasolineras del camino para averiguar el precio de la gasolina. El señor que se ocupaba de la gasolinera nos dijo que vendía gasolina a un precio equivalente a 0,80 dólares estadounidenses por litro. Fue muy amable, incluso nos ofreció su bomba de aire para las ruedas de nuestras bicicletas, nos dio agua embotellada y se negó a aceptar nuestro dinero. Dado que no conocíamos la localización exacta del templo, también nos dibujó un mapa para que lo siguiéramos.

Una celebración llena de color en Myanmar

De nuevo, llegamos a un río y tuvimos que coger un barco para llegar al complejo del templo. Había una gran celebración y pudimos disfrutar del colorido de los trajes y de las flores. Algunos jóvenes se mostraron dispuestos a intercambiar dinero y nos preguntaron si teníamos dólares estadounidenses. Cuando sacamos nuestros dólares para cambiarlos por kyat se negaron a hacer el cambio, lo que nos dejó desconcertados. Nos dijeron que los dólares estaban arrugados y que solo podían aceptar dólares sin arrugas. Descubrimos que no se trata de una situación inusual en Myanmar. Al contrario que en los Estados Unidos, donde los comerciantes aceptan de buena gana billetes doblados, arrugados, salpicados con tinta o incluso rasgados, en Myanmar solo se aceptan dólares nuevos y sin arrugas. Prometí llevar una plancha la próxima vez.

En nuestro trayecto en bicicleta de vuelta al hotel, me percaté de que había un gran número de anuncios de teléfonos móviles y proveedores de servicios de teléfonos móviles. Los móviles se están volviendo omnipresentes en todo el mundo, incluso en áreas remotas. Vi anuncios de empresas extranjeras y también de empresas locales. Cuando paramos en un puesto de carretera en mitad de una zona rural para pedir direcciones a unos adolescentes, uno de ellos sacó su smartphone y compró mapas de Google para mostrarnos la dirección.

De vuelta en nuestro hotel, vimos que estaba teniendo lugar una exposición y un seminario de una empresa automovilística de alta gama europea. Varios de sus nuevos modelos estaban en exposición y uno de ellos estaba en venta por 330 000 dólares estadounidenses. Obviamente, solo unos pocos en el país pueden permitírselo, pero el hecho de que hubiera una exposición era de lo más interesante, así como también un indicio de creación de marca y, quizás, de cierto potencial en el interés de venta.

Buda gigante recostado en Yangón

Ya que Mandalay se considera el centro cultural y religioso del budismo en el país, al día siguiente decidimos visitar algunas de las mayores zonas budistas, que son unas cuantas. La ciudad posee cientos de pagodas y muchos monasterios.

A los pies de la colina de Mandalay vimos la pagoda de Kuthodaw, que tiene en su haber la «Biblia budista», considerada el libro más grande del mundo, compuesto por más de 700 losas de piedra en las que está grabado el canon budista al completo. Subimos la colina de Mandalay, lo que implicó más escalada, para después coger las cómodas escaleras mecánicas y el ascensor, llenos de turistas, hasta llegar a la terraza superior de la pagoda Sutaungpyei.

Encontramos una vista panorámica increíble de la ciudad de Mandalay y de la llanura que se extiende a lo lejos. La puesta de sol nos brindó el broche final perfecto para nuestra visita a esta histórica ciudad.

A pesar de que Myanmar está enfrentando algunos desafíos, tengo muchas ganas de saber qué es lo que traerá el futuro y animar a los viajeros a que exploren sus numerosos encantos culturales.

Los comentarios, las opiniones y los análisis de Mark Mobius tienen carácter meramente informativo, por lo que no deben interpretarse como un asesoramiento de inversión individual ni como una recomendación para invertir en un valor o adoptar cualquier estrategia de inversión. Debido a la celeridad con la que pueden cambiar las condiciones económicas y de mercado, los comentarios, las opiniones y los análisis recogidos aquí son válidos solo en la fecha de su publicación y pueden variar sin previo aviso. Este artículo no pretende ser un análisis completo de cada hecho relevante en relación con cualquier país, región, mercado, sector, inversión o estrategia.

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Todas las inversiones conllevan riesgos, incluida la posible pérdida de capital. La inversión en títulos extranjeros conlleva riesgos especiales, entre ellos el riesgo de fluctuaciones cambiarias, de inestabilidad económica y de acontecimientos políticos adversos. Las inversiones en mercados emergentes, de los cuales los mercados fronterizos constituyen un subgrupo, entrañan riesgos más altos relacionados con los mismos factores, aparte de los asociados a su tamaño relativamente pequeño, su menor liquidez y la falta de estructuras jurídicas, políticas, empresariales y sociales consolidadas para respaldar los mercados financieros. Debido a que estas estructuras suelen estar incluso menos desarrolladas en mercados fronterizos, así como a otros factores, entre ellos el mayor potencial de sufrir una volatilidad de precios extrema, la falta de liquidez, barreras al comercio y controles de cambio, los riesgos asociados a mercados emergentes se ven acentuados en mercados fronterizos. Los precios de las acciones experimentan fluctuaciones, a veces rápidas y drásticas, debido a factores que afectan a empresas concretas, industrias o sectores específicos, o condiciones de mercado generales.

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